domingo, 27 de enero de 2008

Bitakora Koadernoa 27.01.08 El Universo Inmóvil



Novedades: Todavía estoy en el hospital. Ingresé para seis días y llevo veinte. No sé cómo se han complicado tanto las cosas ni si realmente estoy mejorando de la pérfida sinusitis.
Del catarro mejor no opinar. Hace más de un mes que ando a vueltas con él. Me acuerdo de Gabriel García Márquez que afirmaba que la única recompensa que obtuvo del gran esfuerzo de dejar de fumar fue el conseguir un constipado crónico. En aquel entonces yo no creía en constipados crónicos pero con estas últimas experiencias es probable que cambie mi punto de vista.

No puedo evitar el enfadarme en esta situación. No culpo a nadie. Los médicos se atienen a un principio de prudencia que considero que está más que justificado y enfermeras y asistentes tratan de ser amables y darme consuelo. Me da igual: yo me enfado.
Al parecer soy el único que no puede ocultar su irritación y en comportarse con cierta incorrección con el personal del hospital cuando me tiene que anunciar la prolongación del internamiento. Me fastidia el no controlarme pero nunca he sido capaz de disimular y recibir con sonrisa beatífica las malas noticias. Puede que sea soberbia o simplemente falta de educación. De lo que no me cabe duda es que me encuentro mucho mejor cuando bufo y pataleo.

Todo o anterior no son más que incidentes de segunda derivada. En lo que se refiere a la partida principal sigo sin noticias de lo que ha podido encontrar la Fundación Carreras. Dentro de tres o cuatro semanas como mucho espero que me den noticias acerca posibles donantes compatibles.
Osakidetza está contactando con algunas de aquellas personas que se han ofrecido como donantes y algunas de ellas han pasado ya por la entrevista personal y la extracción de sangre. Con las personas fuera de Gipuzkoa tienen un cierto descontrol. Les da lo mismo convocar en Donosti a personas de Gasteiz, Bilbao, Madrid o Sevilla y cuando se les solicita telefónicamente fórmulas para dirigirse a centros de salud públicos próximos a los lugares de residencia se plantean dificultades.
Lo comento para tranquilidad de aquellos que habéis tenido experiencias de este tipo durante los últimos días.
El número de personas que han dado su nombre como candidatos a donante, y aquellas que deseando hacerlo por circunstancias de edad o de enfermedad no lo han podido hacer, están cerca de cien. Me siento muy orgulloso de conocer a tanta gente solidaria.

Sensaciones: El tiempo lo dedico a dormir, leer, hacer sudokus y tontear al ajedrez. Parece una situación envidiable, y hay personas maduras y cuajadas que anhelan encontrar el momento para refugiarse en algún lugar tranquilo en el que hacer lo que yo hago por gentileza de osakidetza. Lamentablemente este período de sosiego va acompañado de una molicie intelectual insuperable. Me refugio en lecturas ligeras y en conversaciones banales y esquivo los temas problemáticos o inquietantes. Hay épocas en los que lo que toca es dar descanso a la mente lo mismo que al cuerpo, pero también creo que en parte me falta la excitación intelectual del contacto con el mundo exterior. No hay Brain-Training ni ningún otro programa de ejercitación del cerebro que pueda competir con lo que nos hace discurrir un día normal con sus miles y miles de impactos exteriores sobre nuestros sentidos y nuestra capacidad de percepción.

Solicitud de ayuda: Quisiera poder transmitir a mis hijos lo importante que considero el ser solidario. Vuelvo con insistencia sobre este tema porque se dan infinidad de situaciones en la vida cotidiana en las que las actitudes egoístas o exageradamente personalistas de ellos o de las personas de su entorno dan pie a abordar el tema, pero siempre es en clave de sermón paterno y con la puesta en escena que acompaña a los discursos serios. Estoy buscando un cuento con personajes que les resulten próximos y una historia que puedan recordar durante años, y que transmita con claridad las bondades del ayudar a los demás.
¿Conocéis algo que me pueda servir?



domingo, 20 de enero de 2008

Bitakora Koadernoa. 20.01.08 Breve puesta al día.


Novedades: Hace más de un mes que no he publicado nada. Después de tanto tiempo no voy a hacer una descripción exhaustiva de los encuentros y movimientos de estas semanas. Me limitaré a contar algo que pueda tener siquiera un remoto interés para aquellos despistados que accedan a leer lo que aquí se expone.

El tiempo transcurre a una velocidad muy diferente cuando se está ingresado en el hospital o cuando se está en la calle: Salí de la Resi el 17 de diciembre y he vuelto el 7 de enero. Es decir, tres semanas fuera en el que el tiempo transcurre muy rápido y dos semanas de tratamiento y recuperación en el que cada día parece algo más largo que el anterior.
Tras 50 días aislado en una habitación estaba mucho más débil de lo que me imaginaba. Me encontraba muy bien pero con grandes dificultades para seguir el ritmo de la rutina cotidiana de las personas a mi alrededor y además no llegué en ningún momento a recuperar el tono físico que esperaba alcanzar. Es muy frustrante el darte cuenta que no eres capaz de darle la vuelta a la sartén en la que estás haciendo la tortilla de patatas. Sobre todo porque lo descubres una vez que ya se te ha caído su contenido a la fregadera.
El año lo terminé cogiendo un monumental catarro. En condiciones normales no tendría mayor importancia que las molestias propias de este tipo de achaques pero para mí supuso el tener que quedarme en casa la mayor parte de los días, retrasar una semana la reanudación del tratamiento, y lo más fastidioso, encontrarme con una sinusitis severa cuyo tardío tratamiento me está obligando a permanecer ingresado más tiempo que lo que preveía.
Cada vez me gusta menos este período de navidades y me da la impresión de que no soy el único. He tenido la ocasión de estar en contacto con muchas personas diferentes, por teléfono, mail y sms y he percibido un gran descenso de los tópicos mensajes de felicidad y buenos deseos propios de otros años. Un amigo asturiano que pasó hace unos pocos años por una experiencia de una grave enfermedad me decía que es imposible evadirse de ese ambiente extraordinario de reuniones familiares, comidas y atenciones con amigos y conocidos, y que cuando estás limitado físicamente lo único que quieres es que pasen las fiestas cuanto antes. Coincido con él.
La vuelta al tratamiento y a la quimio ha sido dura. Este cuarto ciclo ha sido el más difícil. Me ahorraré los detalles.
Estoy a la espera de que la sinusitis se cure definitivamente, desaparezcan los episodios de fiebre y me dejen salir. No sé por cuanto tiempo pero espero que al menos pueda estar en casa hasta el comienzo de febrero. Este nuevo programa de estar combinando períodos de ingreso y de estancia en casa es, sin duda, mucho mejor que el de permanecer aislado pero tiene la facultad de generar frustración cuando el período en el hospital se prolonga más de los inicialmente previsto o no puede uno contar con seguridad del control del tiempo para temas personales o profesionales.
Poco fútbol y poco cine. (Salvo varios pases de El Señor de los Anillos con los rusos). Me ha costado encontrar lectura interesante. He deambulado por varias novelas hasta que me he animado con Javier Marías. Siempre me habían dado pereza sus novelas aunque lo sigo mucho como columnista. Me he tragado las 700 páginas de “Tu rostro mañana: 3 veneno y sombra y adiós” en apenas una semana. Me gustan los temas que trata, los argumentos con los que los distintos personajes exponen sus puntos de vista y particularmente la permanente sorpresa y envidia que me crea el pragmatismo moral anglosajón, y me gustan las excusas narrativas elegidas para seleccionar el contexto y los personajes…pero no me gusta lo farragoso y pesado que se pone con muestras innecesarias y excesivas de erudición. Es como si quisiera demostrar que se sabe el diccionario de sinónimos de memoria. Es la tercera parte con la que concluye el libro “Tu rostro mañana”. Yo no he leído los dos anteriores. No es imprescindible pero si pudiera echar marcha atrás empezaría desde el principio.

Sentsazioak: Hiru hilabete igaro dira gaitzaren aurka tratamenduarekin hasi nintzenetik. Aurreara begiratzerakoan gutxienez beste lau edo sei hilabete (medula transplantearen arabera) eta errekuperazio denbora gehigarria beharko ditudala ohartzen naiz. Luze. Oraindik bide erdira iritis gabe.
Tentsioak eta patxarak helmugatik nagon distantziaren arabera neurtu eta kudeatu behar ditut. Ni eta ingurukoak erretzeko arriskuan ez jartzeko.
Transplantea egingo den ala ez jakiteak dena aldatuko duelakoan nago. Egiterik ba dagoela esaten ba didate denboraren mapa egiteko aukera bat izango dut. Prozesuaren mugarriak azaleratuko dira eta distantziak neurtzeko aukera eskuratuko dut.
Transplanterik ezean, indefinizioak zama dakar. Gaurkotasunak indar gehiago hartzen du urrutiko helmuga beti lanbropean egongo bait da.
Amorratu xamarra nabil nire denbora ezin kontrolatzearekin. Osasun egoerak eta medikoak jartzen dituzte arauak eta epeak. Nahiz eta horrela izan behar dela jakin kostatzen zait onartzea. Gehien bat ondo aurkitzen naizenean. Ahul eta sugarrak jota nabilenean kimioarekin ez ditut horrelako gogoetak egiten.

Emociones: Estoy contento de conocer a todas las personas que me han mostrado consideración y aprecio.
En el universo de conocidos más bien próximos o con los que he mantenido una relación más estrecha, como es lógico ha habido sorpresas de todo tipo, pero me quedo sólo con las buenas y con la recuperación de todos aquellos amigos a los que daba por perdidos en la distancia y en el recuerdo.
Durante estas semanas he pensado varias veces en las emociones que actúan como fuerza conductora en todas estas personas.
Sé que mi enfermedad, aún con su riesgo de desenlace fatal, no es hoy la situación más extrema por la que una persona puede pasar. (Aunque para mí sí lo esté siendo. Nada que ver esta vivencia con anteriores exposiciones a una muerte cierta que por accidente, imprudencia o imbecilidad propia y ajena me han tocado vivir, pero que en todo caso nunca han ido más allá de unos segundos o minutos). Por lo tanto no creo que lo que mueve a mis amigos y conocidos sea el nivel de gravedad objetiva de la enfermedad sino la percepción del miedo y el desasosiego que me puede estar causando. Esto es lo que más me emociona.